los perros jaros Muerte de Akela 10 de febrero de 2021 Rodriguez s y cia. Cueva Akela sin número Un día a la hora del crepúsculo, mientras caminaba distraídamente por los bosques llevando para Akela la mitad de un gamo que había cazado y mientras los cuatro se empujaban, como gruñendo y revolcándose por juego escucho un grito que nunca había vuelto a oír desde los malos días de Shere Khan. Era lo que llaman en la selva el feeal, una especia de horroroso chillido que da el chacal cuando caza siguiendo a un tigre, o cuando tiene a la vista piezas de caza mayor. Si pueden imaginarse una mezcla de odio de triunfo, de miedo y de desesperación, en un solo grito desgarrador, tendrán una leve idea del feeal que se elevó, descendió y vibró en el aire, a lo lejos, del otro lado del Waingunga. Los cuatro lobos dejaron de jugar en el acto, con los pelos erizados y gruñendo. La mano de Mowgli se dirigió hacia el cuchillo y se detuvo, congestionado el rostro y fruncido ce...